Lo que comunica una mesa. El espacio donde transformamos la comunicación en tu mejor herramienta de liderazgo

La comida también comunica

Si asumimos como verdad irrefutable que todo comunica, entonces también comunica lo que ponemos sobre una mesa.

  • La comida que preparamos para nuestra familia;
  • la cena que organizamos para nuestros amigos;
  • la manera como recibimos a alguien en nuestra casa;

y comunica, incluso, lo que elegimos ofrecer —o no ofrecer— cuando queremos atender a otra persona.

La sobremesa

Tengo recuerdos muy queridos de las sobremesas en casa.

Mis padres, mis hermanos y yo alrededor de la mesa, después de comer, hablando de todo y de nada. Se comentaba lo que había pasado durante el día, se discutían ideas, se contaban historias, se hacían planes, se hablaba de otras personas, se reía.

A veces la conversación era larga. Otras veces, seguramente, no teníamos nada particularmente importante que decir.

Pero estábamos juntos.

Tristemente hoy, el celular, ese extraño que no ha sido invitado a la mesa, roba mucho de esa magia en familia.

Con los años he entendido que esas conversaciones al final de una buena cena también construyen familia.

La sobremesa es un espacio para conocernos, escucharnos, entender cómo piensa cada uno y, sobre todo, para sentir que pertenecemos.

La comida tiene una capacidad especial para conectar.

No es solamente lo que comemos.

Es quién lo preparó, para quién, con qué intención y qué ocurre mientras compartimos. Es una manera de comunicar cariño, atención y deferencia.

Disfruto invitar, cocinar para otros y atenderlos. Me gusta pensar qué les gusta, preparar algo especial, poner una mesa bonita, cuidar los detalles.

No porque una buena cena tenga que ser sofisticada, sino porque para mí ese acto dice: “Pensé en ti. Me importa que estés aquí. Quiero que te sientas bienvenido.”

Y eso también es comunicación.

Los mensajes detrás de los gestos.

Hace un tiempo me invitaron a comer a la casa de un conocido. Yo esperaba compartir una cena, sencilla y agradable; una conversación; un momento de conexión.

Cuando llegué, me encontré con una caja de cartón del domicilio, que supuestamente íbamos a compartir.

Quizás la historia habría sido diferente si esa persona hubiera tenido limitaciones económicas. Una comida sencilla, preparada con cariño o incluso un domicilio modesto puede ser un enorme gesto de generosidad cuando está acompañado de una intención genuina.

Pero no era el caso.

Sentí que no era bienvenida.

No fue la comida lo que me hizo sentir mal. Fue lo que interpreté de la manera de recibirme.

Y eso me hizo pensar en cuántas cosas decimos sin pronunciarlas, porque no comunicamos solamente con lo que hacemos. También comunicamos con el cuidado —o la falta de cuidado— que ponemos en lo que hacemos.

  • Puede ser recordar cómo le gusta el café.
  • Preparar su plato favorito.
  • Comprar aquello que sabemos que disfruta.
  • Poner una mesa con cuidado.
  • Preguntarle qué quiere comer.
  • Dejar el celular y conversar.
  • Crear el tiempo y el espacio para estar realmente presentes.

Y quizás lo más importante: hacerle sentir que su presencia importa.

Esto también aplica al mundo profesional.

Una cena con un cliente, un proveedor, un equipo o un Stakeholders no debería reducirse a “llevarlo a comer”. La hospitalidad también comunica la importancia que damos a esa relación.

No se trata de impresionar.

Se trata de hacer sentir al otro considerado.